La familia se agranda: mi ex va a tener un hijo

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Muchas veces hemos tocado el tema de los nuevos modelos de clanes familiares. En este momento, la variedad es tan amplia que podríamos decir que la palabra “familia” encierra mucho más que: papá, mamá e hijos.

Por ejemplo, una situación común que genera mucho conflicto doméstico es cuando una mujer se entera de que su ex forma una nueva pareja y juntos proyectan la llegada de un niño. Tengo varias conocidas que están pasando por esa etapa y puedo asegurar que he observado todo tipo de reacciones; pero lo que es seguro es que no pasa inadvertida. Es que por más que el nuevo vástago que llegue al mundo será familiar de sus seres más queridos, deben acostumbrarse a la idea de que no será nada de ellas, es decir, en esa historia no tienen nada que ver.

Es cuando se despiertan con toda la furia los celos y la envidia que venían latentes… aunque estuvieran calmos. ¿Por qué sucede así? Hasta ese momento tuvieron la seguridad haber formado parte del proyecto más importante en la vida de esa persona, por más que se haya frustrado o el amor se haya terminado. Pero de esa relación salió el fruto más preciado; por eso, no pueden soportar que ese fruto deje de ser el único importante para su papá o tenga que compartirlo con otro ser que, por otra parte, no tiene nada que ver con ellas. “¿Seguirá pasando los alimentos que le corresponden?”. “Seguro que ahora va a poner toda la atención y el afecto en el bebito y se va a olvidar de su niño mayor…”, son todas ideas que aparecen por temor.

Pero quizá también estén proyectando en los hijos el ego herido, ya que muchas veces el ver cómo un ex rehace su vida las obliga a mirarse en un espejo para compararse. “¿Por qué ellos pudieron lograrlo y yo no?” Y en lugar de poner la energía en reconstruir su propio proyecto, la malgastan en desquitar el odio que sienten hacia él. Sin embargo, que algunas de mis amigas que han rearmado sus historias con nuevas parejas a las que quieren mucho, al enterarse de que sus ex estaban por tener un bebé se pusieron locas.

No todas somos iguales

¿Cuál es la mejor reacción en el momento que llega la noticia? ¿Acaso existe alguna que sea la indicada? ¿Hay que reprimir los egoístas celos?” La realidad es que el corazón no entiende de razones, por eso cada una hace lo que puede. Están las que reaccionan muy mal y, aunque no lo crea, las que reaccionan demasiado bien, para mi sorpresa. Comencemos por lo normal.

Las que reaccionan mal: las despechadas de amor, las que todavía no superaron la separación… hasta ahí lo entiendo. Se niegan a aceptar que la familia ha cambiado, que no es igual que ayer. Y por más que nos deshacemos en interminables explicaciones, no hay, ni habrá, manera de que lo entiendan. Siempre será la peor traición que les pudieron hacer.

Pero también están aquellas que ya no querían saber nada de su marido, que no veían la hora de regalarlo con moñito y todo; pero cuando se enteran de la novedad parece que recién en ese momento se acuerdan de que existía. Juntan tanto rencor que comienzan a maldecirlo, hablarle mal a todo el mundo, aún a veces olvidándose de que están dirigiéndose a su propio hijo.

Despotrican frente a ellos y les hablan como si fueran sus íntimas amigas. Y no se dan cuenta de que a los únicos que están perjudicando es a los niños.

Las que se lo toman para bien: no deseo que el lector o la lectora piense que para mi es correcto reaccionar mal, pero la verdad es que el otro día me sorprendió la respuesta de la amiga de una amiga. Dijo que estaba preocupada porque el embarazo de la nueva pareja de su antiguo marido era riesgoso. Cómo no tengo confianza, no me atreví a preguntar si había entendido bien. Pero seguramente, mi cara de sorpresa era tan evidente que me explicó enseguida que ella quería un hermanito para su pequeña; no le gustaba la idea de que fuera hija única. Hermanito que, por otra parte, ella no pensaba darle. Además, su papá estaba demasiado pendiente de la niña y tener otro chico descentralizaría tanta atención. La aplaudo.

Y bueno, es evidente que todos los días podemos sorprendernos con algo nuevo. No tengo idea de qué manera reaccionaría yo si viviera una situación similar. Pero mi conclusión es que si es buen padre, la llegada de un nuevo hijo no tiene por qué interferir en la relación con el o los anteriores. Si eso ocurre, seguramente que los débiles lazos se hubieran cortado de cualquier manera. Basta con ponernos en el lugar de ellos y preguntarnos. ¿Dejaríamos de querer a nuestros hijos con la llegada de uno nuevo?

Por: Paula Halperín

Fuente: Minuto para mamá

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