La nena quiere que su novio se quede a dormir

Experiencias
Tipografía

Hoy voy a hablar de un tema muy polémico para los padres: ¿Es bueno que los adolescentes se queden a dormir en lo de sus parejas? ¿Estamos preparados para dejar que los novios o las novias duerman en casa?

Estoy segura de que varios lectores no van a estar de acuerdo con lo que escriba en esta nota. Respeto la opinión de cada uno, así como espero que ese respeto sea recíproco para conmigo. Todavía no puedo contar mi experiencia como madre respecto de este tema, pero si la que tuve durante mi adolescencia, como hija.

Puedo decir que conté con la suerte de tener padres bastante abiertos, que me hablaron de todo lo que me dio curiosidad, incluso con respecto a la sexualidad. Y creo que gracias a eso mi primera experiencia fue realmente linda, ya que pude vivirla sin prejuicios y planificarla con mi noviecito del momento para que saliera todo bien, y de manera responsable.

Pocos meses más tarde, nos alternábamos para quedarnos un fin de semana en cada casa, la de mis padres y la de su madre (no recuerdo del todo cómo lo logramos pero creo que se dio naturalmente). Sin embargo, mis amigas no corrían con la misma suerte, ya que en esa época todavía no era común que los adultos dejaran que los novios de sus hijas (en especial si eran mujeres) se quedaran a dormir.

¿Por qué, entonces, los míos lo permitían? Creo que hay más de un motivo. Y uno de ellos se remonta a la adolescencia de mis progenitores. Si bien fue amor a segunda vista (esa historia la dejo para otro momento), realmente se habían enamorado mucho (hoy todavía están juntos y creo que muy bien). Como mi papá vivía lejos de la casa de mi madre, un día de esos en los que se cae el cielo por la tormenta, le pidieron por favor a mi abuelo si se podía quedar a dormir. Ese fue el comienzo de la convivencia porque nunca más se separaron.

Alentado por una no muy buena relación familiar en su hogar, mi papá pudo quedarse para siempre a vivir en lo de mis abuelos maternos hasta que se casaron. Eso si fue realmente atípico para la época. Es evidente que mi madre tenía unos padres muy progresistas. Así y todo, el día en que finalmente dieron el si en el registro civil mi abuela se encargó de mostrarle la libreta a cada uno de sus invitados, para que no quedara ningún tipo de duda… Así crecí yo, con esa libertad. Más tarde, con terapia de por medio también descubrí que no todo se trataba de libertad. En cierta forma dejaban que mi novio se quedara a dormir en casa porque de esa forma me tenían bien controlada y no me iba de ronda vaya a saber por dónde. De todas maneras, el concepto no es tan malo si se quiere.

Hay que reconocer que los adolescentes comienzan experimentar la sexualidad y la tendrán pese a que sus padres se los prohíban. Sería algo así como: “Si no puedes contra ellos, únete”. Es cierto que a los adultos no nos gusta aceptar que nuestros hijos crecen, sobre todo en ese aspecto de la vida; pero es inevitable que eso suceda. Por eso, podemos hacer de cuenta que no hemos visto nada o preocuparnos para que todo resulte lo mejor posible. En mi opinión la clave no es poner la energía en restringirlo sino en enseñarles a cuidarse, a cuidar su propio cuerpo y a que elijan parejas que los contengan.

Muchos papás anteponen el no, argumentando el respeto que hay que tener hacia los mayores. En mi opinión, el respeto no pasa por ese lado. Es justamente el que los adultos debemos enseñarles a nuestros hijos para con ellos mismos y con sus parejas.

Puede haber padres que prefieran no enterarse de que sus chicos tienen intimidad, por eso no dejarán que sus novios duerman en su casa. Puede haber otros que lo permitan pero en cuartos separados o con la puerta abierta, para quedarse más tranquilos. Pero también existen, y cada vez más, los que no se molestan y prefieren aceptarlos en su casa a cambio de saber que se encuentran allí tranquilos y cuidados.

Según ciertos especialistas, esta última modalidad no sería muy positiva, porque al brindarles tanta comodidad evitan que los hijos busquen su propia intimidad. De esa forma, no ayudarían a cortar lazos e ir volviéndose de a poco más independientes. Es un argumento válido, aunque en mi caso no fue así, ya que en cierto momento quise buscar mi propio espacio y decidí dejar el nido.

Lamentablemente encontrar la fórmula perfecta para educar a los hijos es más difícil que saber qué número saldrá en la ruleta. Cada familia es un mundo y seguramente pondrá las pautas que más se adecuen a su forma de pensar.

Aún no estoy segura del todo, de qué es lo que haré cuando mis hijas crezcan. Pero soy conciente de que las épocas cambian y no podemos vivir atados a los mandatos sociales que fueron impuestos en determinado momento y lugar, por razones que seguramente hoy ya no siguen vigentes. La clave es estar informados y actualizados, así seguramente el instinto no se equivocará.

Por: Paula Halperín

Fuente: Minuto para mamá

Usuarios Online

Hay 160 invitados y ningún miembro en línea