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“Siempre le digo que sí”

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¿Recuerdas a Nicole Kidman en 'Las mujeres perfectas'? Parecía feliz, con una vida plena, hasta que todo se derrumba.

Ser demasiado complaciente o sumisa no es bueno para ti ni para la pareja. En los primeros estadios de la relación es algo normal y, en cierto modo, está permitido porque forma parte del juego de la seducción: todos queremos mostrar nuestra mejor cara, agradar a quien tenemos en frente y conquistarle. Pero a la larga sentirás que has perdido tu individualidad por complacerle, que has hecho cosas con las que no estás muy de acuerdo y que has dejado de hacer cosas que realmente querías hacer. Corres el riesgo de convertirte en un ser anulado y abducido por tu pareja e ir por la vida como un 'zombie' que ni siente ni padece.

Lo cual te creará un conflicto interno y estarás a disgusto con él y contigo misma, porque decir 'sí' cuando quieres decir 'no' también es una forma de hipocresía, ¿no crees?

Por otro lado, puede ser una señal de falta de carácter y personalidad. Puede que digas a todo que 'sí' por temor al rechazo, al conflicto... ¿Acaso temes no ser aceptada y querida tal cual eres?

Así que antes decir si a las peticiones de tu pareja y ajustarse siempre a sus expectativas, piensa si quieres hacerlo. Es una manera de hacerte valer, además te sentirás más libre y confiada.

La felicidad se alcanza a través de la autoestima, la autonomía y la independencia emocional. No tengas miedo a mostrarte tal cual eres y evita los chantajes y la manipulación. La clave está en las decisiones más pequeñas, del día a día, empieza por ahí para ir ganando confianza y seguridad.

Por ejemplo, si ayuda nada en casa y se escuda en que está cansado o que no sabe poner el lavaplatos ni pasar la aspiradora ni planchar la ropa, pues nada, le dices que nunca es tarde para aprender. Que tú también estás cansada y no puedes ocuparte de todo: limpiar los baños, plancharle las camisas, fregar los platos… Como mucho, le dejas elegir.

Si se sale sin ti y te suelta eso de: "No te enfades, es que es un plan solo de chicos". Entiendo que no te guste ni un pelo porque desfasa cuando se junta con los amigotes, pero no pasa nada si tienen confianza el uno en el otro.

Eso sí, aprovecha para hacer lo propio y no te quedes en casa guardándole ausencia. Ponte guapa (y no te avergüences, deja que vea como te arreglas) y sal con tus amigas, al cine o adonde quieras.

Otra caso flagrante, y típico es estas fechas, es que te encasquete a ti todas las compras navideñas. "Mejor compra tú el regalo de mi madre y mi hermana, que seguro que aciertas". Una frase tendenciosa, ¡no te dejes tomar el pelo! Puedes ayudarle, pero que se moleste al menos en acompañarte.

Y con la típica frase de "mejor lo haces tú, que se te da mejor" acabas cocinando siempre, tendiendo la ropa, poniendo la mesa, haciendo las compras… ¡Basta ya!

Recuerda, demasiadas atenciones y cuidados pueden abrumar a tu pareja y hacerle sentirse un inútil. Hay ocasiones en que hay que ser egoísta y buscar tu propio placer y bienestar, aunque tampoco debes convertirte en una defensora a ultranza de tus deseos sin tener en cuenta los de tu pareja. Debes encontrar el equilibrio para lograr la armonía.

Por: Victoria Villaamil

Fuente: Con derecho a roce

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