Enriquece el contacto erótico

Tabú
Tipografía

En los hombres, la motivación y la excitación sexual se encienden preferentemente por medio del sentido de la vista; en cambio en las mujeres es el tacto el sentido más destacado y placentero. El deseo y la excitación sexual femenina se disparan como consecuencia de una compleja integración de estímulos sensoriales, ambientales, psicológicos y afectivos, pero dentro de ese “coctel” la piel juega un papel fundamental.

Ser acariciadas en diferentes partes del cuerpo, produce en las mujeres sensaciones especiales. Las zonas erógenas son muy específicas, tanto en lo referente a su distribución, tipo de estímulo y secuencia en la que desean ser estimuladas. Es poco habitual que una mujer prefiera una estimulación genital directa, eligen otras zonas, ubicadas en diferentes sectores de su geografía erótica como el cuello, el centro de la espalda, las orejas, la garganta, los labios, la parte anterior de las piernas, las nalgas.

Pero más allá de la sensación física, cada caricia tiene un significado: refleja el afecto, la comprensión, la atención, la importancia y el deseo que reciben de su pareja.

Podemos acariciar con las manos pero también con diferentes partes de nuestro cuerpo. Ademas podemos usar pinceles, plumas, masajeadores, elementos estos que nos generan mucho placer y, cual huellas, quedan grabados en nuestra memoria.

En cada una de nosotras existe, aunque no lo sepamos, una red en la que cada nudo es un punto sensitivo y cuyo diagrama está siempre sin terminar. Encontrar ese recorrido y continuarlo requiere de nuestra disposición a dejar correr la imaginación del otro y de nuestra atención para atrapar las sensaciones que puedan brindarnos sus gestos y actos.

4 tips para que el contacto erótico se enriquezca:

1. Preparar el ambiente con una temperatura adecuada, alguna esencia aromática y música romántica y relajante.

2. Para que las caricias no sean monótonas, vayamos variando las zonas que acariciamos, con diferentes presiones, y utilizando diferentes elementos.

3. No acariciar de modo simultáneo sino por turnos, porque ello permite que cada uno se concentre mejor en su rol (dar o recibir).

4. Las caricias no deben ser monótonas. Por lo tanto es interesante variar las zonas que acariciamos, el orden en el cual avanzamos, las formas de acariciar, e incorporar, si los dos están de acuerdo, algunos accesorios que provocan mayores sensaciones.

Por: Diana Resnicoff

Fuente: Hablemos de sexo