El lenguaje de las caricias

Tabú
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El lenguaje de las caricias: sutil y universal, capaz de transmitir las sensaciones y emociones más profundas e intensas. Si bien lo utilizamos poco, es un lenguaje sumamente rico que nos permite decir y expresar muchísimas cosas.

El ejemplo más amoroso de las caricias tal vez sea el que le da una madre a su bebé pequeño: lo toca mientras le da de mamar, para dormirlo, para calmarlo o simplemente porque le da un placer inmenso hacerlo. ¿Por qué no usamos ese increíble poder que tienen las caricias con nuestra pareja?

Cuando mantenemos un encuentro íntimo con nuestra pareja, generalmente nos acariciamos durante el juego previo, dedicándonos casi en forma excluyente a las zonas consideradas erógenas (senos y genitales). La intención de estas caricias es la de excitar rápidamente, para entonces ir a la actividad coital. ¡¡Pero cuántas cosas nos estamos perdiendo!!

Más aún: suponemos que los hombres quieren ir directo a la penetración, y este es un mito. A ellos les encanta y necesitan también ser acariciados, consentidos y estimulados. Cuando hacemos el amor, no solo satisfacemos nuestro deseo sexual, sino que generamos un intercambio de emociones y sensaciones.

¿Cómo empezar?

Lo primero es que nos relajemos y empecemos a usar las manos, instrumento fundamental para empezar a hablar con este poderoso lenguaje. Una buena manera de aprender este idioma es cerrar los ojos, para poder concentrarnos en el sentido del tacto. Todo nuestro cuerpo está lleno de puntos o zonas para ser acariciadas. No te apresures en llegar a sus zonas más erógenas. Porque además de decirle “te deseo”, le puedes comunicar otras cosas como cuánto te gusta, cuánto lo quieres, y todo esto con tus manos.

El lenguaje de las caricias no es un monólogo sino un diálogo, los dos estamos hablando. Les propongo un ejercicio para iniciar. Acuéstense cómodamente con sus parejas, uno al lado del otro, desnudos, con luz tenue; la consigna es simplemente acariciarse. No importa quién empiece. Dense mucho tiempo para acariciarse, para entablar el diálogo amoroso.

Tocar y ser tocado: un tabú a vencer

-La estimulación táctil activa las endorfinas, esas hormonas naturales del organismo relacionadas con la sensación de bienestar.

-Sepamos que un gesto dice más que muchas palabras, de ahí que utilizar el tacto pueda contribuir a hacer más fiable, efectiva y entrañable nuestra comunicación.

-La mejor manera de expresar afecto, solidaridad, cercanía, cariño, es tocando al otro, haciéndole saber que nuestro cuerpo siente lo mismo que comunicamos con palabras o gestos.

-No olvidemos que tocar y ser tocados es una necesidad fisiológica (cualquiera que sea nuestra edad) y emocional.

Cuánto más practiquen este idioma, más cosas podrán decirse y comunicarse, adquiriendo el encuentro sexual otra dimensión. Creo que estarán de verdad “haciendo el amor”.

Por: Diana Resnicoff

Fuente: Hablemos de sexo