Las ocho diferencias que nos alejan del sexo opuesto

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Compartimos con ustedes algunos rasgos típicos del hombre y de la mujer que muchas veces son motivo de conflicto en una pareja. Un consejo; relájense, cuenten hasta diez y acepten que su compañero o compañera es así.

¿Cuántas veces nos rompemos la cabeza tratando de entender al sexo opuesto? Las mujeres nos la pasamos suponiendo cuáles son los motivos “ocultos” para que ellos actúen de esa manera. Mientras que ellos, directamente, piensan que nuestras acciones responden a nuestra casi inevitable tendencia al drama, o lo que es peor, pueden llegar a tildarnos de “locas”.

Pero, por suerte, no todo es tan caprichoso, ni tan azaroso, sino que tiene que ver con las diferencias psicológicas que hay entre hombres y mujeres. Crecemos aprendiendo que existen diferencias biológicas bastante evidentes entre ambos sexos, pero no pasa lo mismo con aquellas relacionadas con los procesos mentales. Quizás, si desde pequeños estuviéramos más familiarizados con ello, luego, podríamos comprender mejor al sexo opuesto. Pero la realidad que nos tocó vivir es otra, así que aquí enumeramos varias de esas diferencias que a veces nos sacan de quicio para que, la próxima vez, contemos hasta diez y evitemos la catástrofe.

Las mujeres

  • Estamos más orientadas hacia la gente, se nos da más fácil sociabilizar, y por eso tenemos más posibilidades de establecer relaciones óptimas. Es decir, nosotras hacemos amigas allí adónde vamos. Tenemos las amigas del colegio, las del club, las de la universidad, las del trabajo, las de gym y podemos seguir acumulando.
  • Ellos dirán que nos gusta muuucho hablar, y la verdad es que hasta podemos llegar a mantener una conversación con un amiga en plena clase de gym. Las mujeres estamos convencidas de que las cosas hay que hablarlas, de que los problemas se afrontan hablando. Así que chicos, ¡esto es así y hay que aceptarlo!
  • Somos más emotivas que ellos. Eso no significa que los hombres no sean sensibles, sino que nosotras somos más receptivas y por eso hasta lloramos en el cine porque esa escena nos llega, nos conmueve, a la vez que tratamos de ocultar ese desborde emocional de nuestro chico para que no piense que lagrimeamos por cualquier pavada.
  • ¡Bendita sea la intuición femenina! Es esa corazonada que no podemos explicar con palabras, pero nos dice si alguien nos está mintiendo,  si oculta algo o si no es de fiar, por ejemplo. Es como una especie de escudo protector que se activa automáticamente ante un posible peligro, y rara vez se equivoca
  • Cuando encontramos nuestra vocación, somos unas apasionadas de lo que hacemos, proyectamos nuestras emociones en el trabajo y  le imprimimos nuestra impronta personal. Como bien dijimos, somos seres emotivos y, por lo tanto, esas emociones también las llevamos a nuestro trabajo. No podemos cerrar la puerta y dejarlas en casa. Así que, en el ámbito laboral como en la vida, a veces nos juegan a favor y otras, en contra.
  • Somos multitasking. A través del tiempo, hemos desarrollado la capacidad de hacer más de una tarea a la vez. Nos incorporamos al mundo laboral, pero a la vez tuvimos que seguir cuidando del hogar. Las exigencias hoy son mayores y nos fuimos adaptando. Así es como mientras estamos cocinando, podemos ayudar a los chicos con la tarea del colegio a la vez que estamos respondiendo un mail del trabajo.
  • Nos interesamos mucho más por los detalles como por las anécdotas. Si vamos a una fiesta seguro que recordamos lo que vestían la mayoría de las invitadas, como también detalles como el mobiliario del lugar o la vajilla. ¿No es así? Y nos fascinan las anécdotas de nuestras amigas!!! Café o copa de vino mediante, podemos pasarnos horas escuchando, analizando…
  • Si bien manejamos el lenguaje mucho mejor que ellos, no siempre somos taaan claras. Algo de cierto hay cuando los hombres afirman que nosotras decimos que SI, pero eso significa NO, y viceversa. Tenemos un diccionario propio que puede ser un tanto engañoso. Cuando le decimos a nuestra pareja “haz lo que quieras”, por dentro estamos pensando “atrévete y la pagarás caro”. Chicas, hagámosle saber a nuestros hombres cuando estamos enojadas o algo nos molesta, ¡nos sentiremos mucho mejor!

Los hombres

  • Ellos están más orientados hacia las cuestiones prácticas, las tareas y las obligaciones, más que a las personas. Por lo general, ellos tienen su grupito de amigos de toda la vida y quizás se hacen de alguno nuevo jugando al fútbol. Como les cuesta más sociabilizar, les cuesta entender que nosotras hagamos tantas amigas en el camino.
  • Mientras nosotras hablamos, ellos actúan. Cuando toman una decisión raramente se echan atrás. Si bien es un rasgo positivo mantenerse firme en lo que uno cree que es mejor, cuando esas decisiones involucran a terceros, como puede ser una pareja, poder hablar con el otro antes de resolverlo unilateralmente sería lo ideal.
  • Son mucho más prácticos. Es raro que se enreden en algo y luego no sepan salir de ello. Mientras nosotras podemos estar dando vueltas en círculos sobre un mismo asunto, ellos, para bien o para mal, cortan de raíz, lo resuelven y se acabó.
  • En lugar de intuición, ellos se manejan con la lógica. Reflexionan, calculan, proyectan y sacan conclusiones a partir de hechos. Todos verbos que a nosotras nos resultan fríos y lejanos, ¿no?
  • Ellos no son tan emotivos como nosotras, por lo tanto les resulta más fácil mantener las emociones al margen de su trabajo. Muchos hombres encuentran su status en el mundo laboral, por lo que no permiten que sus sentimientos interfieran. Al igual que a nosotras, les puede jugar unas veces a favor y otras, en contra.
  • Les interesan más los hechos y los datos. Así que cuando hablemos con ellos seamos concretas, vayamos al punto porque si nos perdemos por las ramas no nos pueden seguir, ¡así de simple!
  • Una cosa por vez. Los hombres no pueden realizar varias tareas al mismo tiempo, ¡y no quieren! Por lo tanto, si les pedimos que nos acompañen al mall, vayamos directamente allí. Los problemas comienzan cuando en el camino se nos ocurre que, ya que salimos de casa, podemos pasar primero por la librería a comprar el libro de Inglés que necesita nuestro hijo. Y, a la vuelta, los llevamos con nosotras a buscar los tacones que dejamos para remendar y pasamos por la casa de mamá para pedirle prestado el abrigo para el matrimonio del próximo sábado. Ah, porque en el mall no conseguimos nada. O lo que es mucho peor, ¡porque nunca logramos llegar al mall!
  • Aunque puede que ellos no manejen el lenguaje tan bien como nosotras, pueden ser más claros al momento de comunicarse. No necesitamos estar tratando de leer entrelíneas sus segundas intenciones, ¡porque no existen! SÍ es SÍ y NO es NO.

¿Estás de acuerdo con estas diferencias? ¿Las tienes en cuenta a la hora de “negociar” con tu pareja?

Por: Alessandra Rampolla